Anatómicamente se lo puede auscultar todo. El conocimiento de la ciencia y la derivación práctica de todo ello, ha logrado un avance tal que procesos de reparación curativa que hace poco parecían imposibles, ahora son perfectamente posibles en el cuerpo humano, en su anatomía.
Sin embargo, las fronteras de la ciencia se siguen ensanchando; ésta avanza pero la necesidad de más conocimientos lo hace mucho más todavía. Aparecen nuevas cepas de microorganismos, más desajustes orgánicos que requieren nuevos y más sofisticados estudios para combatirlos. Entonces, esta es una cosa de nunca acabar y sólo nos muestra cómo la mente y la capacidad humana están limitadas por una acción más vasta de la naturaleza que está provista de un dinamismo y una capacidad de adaptación más allá de la comprensión humana. No de” evolución”-este es otro tema-que. de hecho, no existe, puesto que desde hacen casi doscientos años, es sólo una “teoría” que no pasa de tal. puesto que no se logra, a pesar de una afanosa búsqueda, la menor prueba de que ello ocurra
Volviendo al tema, un conocimiento exacto de la naturaleza del cuerpo humano. puede, en efecto, proveer de maravillosos instrumentos para proseguir en la búsqueda de resultados que beneficien y alivien el sufrimiento humano en su parte material que se halla inmersa en este mundo.
¿Pero qué de la parte esencial del hombre? ¿Qué de su fundamento vivencial y creacional? ¿Qué de su ámbito superior que lo conecta con las partes más ignotas del universo creado? ¿Qué de su espíritu?
A pesar de lo que digan las doctrinas “materialistas”, tan de moda por estos días, la capacidad de la mente humana para conseguir auscultar, o tan siquiera comprender la realidad vivencial o principal de este ámbito humano, es casi nula. Apenas si avanza. Y cuando se conoce algo más, se “adivina” un universo inmaterial de magnitud y alcances que el hombre puede difícilmente sospechar o tan siquiera imaginar.
Es necesario confiar la comprensión y el respectivo desentrañar del alma y espíritu humanos a una inteligencia superior, muy superior a la humana¸ la propia inteligencia que la diseñó y la puso en marcha en su propósito creador: la inteligencia de Dios que le dio características de sublimidad a su obra más amada, las características de libertad y discernimiento del bien y del mal, cualidades propias de El y en la que nos hizo semejantes.
Es así que Dios, mediante Su palabra, la Biblia, nos da con escalofriante realidad y precisión, la herramienta necesaria y suficiente para auscultar el estado de salud del espíritu humano, factible de ser afectado por la enfermedad del pecado, único mal capaz de llevarlo a un estado de salud terminal y hasta a la muerte misma.
El apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, en su primera carta a los corintios, describe puntualmente estos aspectos del mal espiritual: la fornicación, la idolatría, el adulterio, el homosexualismo, el afeminamiento; el robo, la avaricia, el alcoholismo, la maledicencia y la estafa, a juicio del apóstol, son los elementos que deterioran la salud espiritual y que lo llevan a su destrucción total
Las palabras son sencillas y exactas¸ no hay por dónde perderse¸ es espeluznante esta precisión porque su no observancia enfermará de muerte al espíritu; lo llevará a su destrucción total.
Sin embargo, sería injusto condenar “sin remedio” al alma que incurra en estos pecados. En un siguiente versículo Pablo señala que es posible la remisión, la redención por el lavado de la sangre de Cristo en su sacrificio de la cruz. Es necesario arrepentirse con sinceridad y cambiar la conducta pecaminosa seguida hasta ahora, única posibilidad de alianza con Cristo que nos devolverá la salud espiritual y nos salvará de la muerte.

















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