¿Quién no se ha hecho esa pregunta? ¿Quién no se la sigue haciendo? ¿cuántos han llegado a odiar a Dios por lo que ocurre en el mundo?
Todos queremos un Dios de amor, un Dios de misericordia, un Dios de milagros, un Dios de Paz. Dios no solamente tiene estos atributos sino que es Él mismo la esencia de estos en su pureza más infinita.
¿Pero entonces por qué tanta injusticia?
Cuándo hablamos de nuestra madre o de nuestro padre a los demás, siempre vamos a querer exaltar todas sus virtudes haciéndolos los mejores, puesto que ellos son buenos y amorosos con nosotros. Si efectivamente han sido buenos y amorosos entonces seguramente también recordamos que han buscado siempre lo mejor para nuestro futuro y que por tal motivo se han lastimado con nuestras faltas y que muchas veces hasta con mucho dolor y cansados nos han corregido con tal de que seamos como árboles fuertes que dan buenos frutos.
Entonces, estamos olvidando que Dios tiene igualmente otros atributos más allá de su bondad, de su misericordia y de su amor: Él es santo, santo, santo y justo.
Cuando Dios creó al hombre lo hizo perfecto, el hombre no sufría, no sentía necesidades, no sentía incomodidad, tenía el mundo para su deleite y lo más hermoso, él podía tener una relación directa con Dios al nivel de conversar con Él y andar con Él cuando quisiera.
Cuando el Génesis nos dice que nos creó a imagen y semejanza, entonces entendemos que le dio al hombre un espíritu semejante con tal de tener una relación personal con él y sus descendientes, además le dio libre albedrío en todo lo que le había dado. Como todo buen padre puso sus reglas, no con el afán de que el hombre se perdiera, sino más bien de que en su libertad pueda obedecerlo y respetarlo . Como cuando cualquier padre bueno dice a su hijo ”voy de salida, no vayas a la calle porque hay muchos peligros”. Dios dijo: “…más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día de que él comieres, ciertamente morirás”. He ahí la única advertencia y la desobediencia de Adan, y ciertamente, de todos nosotros.
Ahora hago un paréntesis aquí para aclarar algo. Primero y antes que nada, Dios es un Dios Soberano.
Deuteronomio 32:39 “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano”
Dios (absoluto, poderoso, soberano) ordena de acuerdo a su voluntad que el mal exista y es lo que a nosotros nos de cierta manera y en algún momento llega a perturbarnos, pero seguimos hablando del Dios soberano:
Isaías 45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos?
Ésto seguramente puede causar pánico, si estamos hablando de un Dios de amor, para muchos “cristianos” esto es incontenible. Decir que Dios no tuvo que ver con el mal que entró en el mundo, sería decir que el mal ingresó sin que él haya podido evitarlo, también podríamos decir que la muerte de Jesucristo fue el plan “B” de algo con lo que Dios no pud. Si fuera así ¿De qué Dios omnipotente estaríamos hablando?
Todo el origen del mal y el pecado sucedió ante los ojos de Dios. ¿tomo esto a Dios de sorpresa?, si fuera así no sería un Dios omnisciente.
Nosotros sabemos que de los atributos particulares de Dios son la omnipotencia y la omnisciencia
No se pude explicar la existencia del mal con conceptos filosoficos inventados por hombres, incluso sean bien intencionados. Muchos quieren erroneamente justificar al Creador (yo mismo lo hice cuando no lo comprendía como ahora).
Dios decretó todo lo que existe (ese es el Dios Todopoderoso). Dios no previene del mal, ni del pecado y lo ordena providencialmente, pero ¿por què? -Porque el tiene un PROPÓSITO para su existencia: LA ALABANZA DE SU GLORIA (Romanos 3:5 Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo?) Entonces querido lector/a ¿Entenderíamos realmente la justicia de Dios sino entendemos la injusticia del hombre? ¿mediremos nuestra propia justicia (diseñada por Dios), con la justicia propia de Dios?
Pablo comprendía muy bien la soberanía de Dios y es algo con lo que nosotros hemos tropezado: Romanos 9:22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 9:23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria (los vasos de ira son los no creyentes, y los de misericordia son los creyentes)
Cuándo decimos que nuestro Dios es santo y justo, hablamos de esos atributos también en infinita perfección, esto quiere decir que Dios, es tan santo que odia cualquier tipo de pecado y que es tan justo que no pasará una falta sin castigarla o redimirla. ¿Cuán en serio hemos tomado hasta hoy la santidad y la justicia divina?
Nosotros heredamos la enfermedad espiritual del pecado y transmitimos este de generación en generación desde Adán, entonces, si Dios es realmente santo, no tolerará a nadie para con Él y además en su justicia deberá destruir al pecador eternamente ¿por qué eternamente? -Por qué la falta contra Dios es eterna, de acuerdo a su naturaleza. Por tanto todos merecemos pagar el precio de la ira de Dios.
De esta forma Dios cumple con su santidad y con su justicia.
Afortunadamente para todos nosotros Dios ama su creación y aunque odia el pecado ama al pecador.
Es por eso que Dios a provisto (desde el Génesis) su Plan de Salvación, en la que demuestra de la manera más hermosa su misericordia, volviendo al hombre a su condición original perfecta.
Él encarnó a su unigénito Hijo amado, sin pecado heredado y con la misión de limpiar el pecado del mundo ¿Cómo cumple su misión? -Viviendo una vida en perfecta santidad, servicio y mansedumbre hasta su muerte. Con su muerte Jesús paga el precio de la condenación de la humanidad. ¿Qué sigue? -Dios exige que reconozcamos su obra de misericordia ¿Cómo? En arrepentimiento reconociendo nuestras transgresiones, declarando a Jesucristro como nuestro salvador personal y nuestro Señor, como nuestra fuente de nueva vida, y como reconciliación eterna.
El sacrificio de Jesucristo en la cruz, es la más grande muestra de amor y misericordia de Dios por el mundo, puesto que él no escatimó ni a su propio Hijo.
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