A menudo nos preguntamos qué es lo que debo de hacer, cómo y de qué manera. Las cuestiones más triviales son ¿Dónde debería construir mi destino? ¿Qué carrera debería estudiar? ¿Con qué persona debería casarme? ¿Cuándo y cuántos hijos debería tener?, etc., etc.
Está por demás decir que las personas siempre se equivocan, y aun cuando creen que han acertado en varias de sus decisiones, al final de cuentas nadie puede saber qué consecuencias tendrán estas, en relación con el futuro a mediano o a largo plazo.
El verdadero cristiano se preocupa de llevar su vida de acuerdo a la voluntad de Dios. En la oración que Jesús mismo nos enseñó repetimos: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” refiriéndonos a Dios y aceptando que hay una vida superior ajena a la tierra. Pero ¿Dios revela su voluntad? ¿Realmente dejamos que sea Dios el que tome el control de todo lo que nos interesa? ¿Cómo podemos saber si actuamos de acuerdo a la voluntad de Dios? ¿Cómo sabemos que estamos en contra de la voluntad de Dios?
Muchas personas quieren obligadamente sentir con misticismo la voluntad de Dios, tal vez a través de un sueño, o quizá, creen sentir la voz de Dios en el corazón, etc., pero en realidad lo único que hacemos es tratar de engañarnos al tomar una decisión, todo únicamente porque es agradable para nosotros.
Tuve la enorme bendición de escuchar un sermón de John Macarthur, adaptado al español por Henrry Tolopìlo, en el que se evidencia 7 principios de la voluntad de Dios, voy a basar esta redacción en tal, al final de esta publicación, estoy seguro de que el lector se va a sorprender, tanto como yo.
Aquí van los 7 principios:
1º La voluntad de Dios es que cada persona sea salva, Dios no se complace en la muerte de ninguna persona no creyente. Veamos que nos dice 2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. También veamos 1Timoteo 2:4 “el cual quiere que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Este es el principio fundamental, por el cuál todos los demás se hacen veraces.
Importante.- Si tu no eres una persona salva, tú no puedes seguir otros principios bíblicos fundamentales para vivir conforme a la voluntad de Dios.
2º Explícitamente la voluntad de Dios es llenar al creyente de su Espíritu. ¿Qué quiere decir esto? Mucha gente dice o cree estar “llena del Espíritu” porque aparenta demostrar dones impresionantes, tales como: el poder de hablar en lenguas, realizar milagros, exorcismos, etc. En realidad todos los creyentes, aun los más inmaduros, tienen morando al Espíritu Santo, gracias a la promesa de Jesucristo para todos los que en Él creen:Juan 14:16 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté en vosotros para siempre” Significa que en el momento de recibir a cristo somos bautizados y sellados por el Espíritu Santo hasta siempre: 1Corintios 12:13 “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos (se refiere a todos los no judíos), sean esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. A lo que realmente nos referimos con “llenos del Espíritu Santo” es a estar dominado o controlado por el Espíritu de Dios. Ahora el Espíritu de Dios puede manifestarse de creyente a creyente en diferentes maneras y en el momento adecuado. También Pablo afirma en Colosenses 3:16 que estar llenos de la Palabra de Cristo y Llenos del Espíritu Santo es lo mismo y produce los mismos resultados. El creyente inevitablemente sentirá el poder de La Palabra de Dios, que es la que llena del Espíritu Santo y este poder poco a poco nos transforma a la imagen del mismo Jesús. Por esto para el creyente verdadero, Ahora comprendemos qué tan importante es que seamos templo del Espíritu Santo.
3º La voluntad de Dios es nuestra santificación. Veamos cómo Pablo exalta el amor al prójimo, poniendo como ejemplo el juicio la inmoralidad sexual: La fornicación, la lascivia (todos los deseos lujuriosos), el adulterio, etc. 1Tesalonisenses 4 3-5,7 “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os aparteis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”. 1 Corintios 6:18 “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas que fornica, contra su propio cuerpo peca”. Estos versículos no necesitan mayor explicación. El cuerpo y el espíritu de los creyentes pertenecen a Cristo, quién con su sangre los ha comprado, por tanto el cuerpo debe ser usado para honor y santidad. Hoy en día nuestra sociedad común y todos los medios de comunicación nos obligan a pensar y obrar de acuerdo al deseo de las hormonas, al punto de que la lujuria, y todo lo que deriva de ella, se ha vuelto algo normal, aun desde los jóvenes en edad de pubertad. Los creyentes también somos tentados, pero tenemos una ventaja ante las personas que no han nacido por segunda vez: El Espíritu de Dios; por tanto la Armadura de Dios, con lo que podemos vencer en el delgado camino de la santificación. El llegar a consolidarnos en una vida piadosa y en todo a lo que se refiere en santidad no es una posibilidad, es un proceso inevitable para el cristiano.
4º La voluntad de Dios es que el creyente sea sumiso. Vaya ¿Últimamente qué enseñan los padres de familia, los maestros, los psicólogos y otros profesionales, etc.? –Nos enseñan liderazgo, auto-dependencia, dominio, etc., etc. Dios nos dice todo lo contrario, veamos cómo debemos someternos: Por ejemplo veamos como La Palabra de Dios nos ordena respetar a nuestras autoridades, sin importar si estas buenas o malas: 1Pedro 2:13,15 “Por causa del Señor someterse a toda institución humana; ya sea al rey como a superior”. Además de Pedro, Pablo nos hace la misma aclaración Romanos 13:1 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”, Pablo en Romanos también nos dice que debemos cumplir con todo tipo de deudas“Pagad a todos los que debéis, al tributo, tributo, al impuesto, impuesto; al que respeto, respeto”. En la publicación “¿ES DIOS REALMENMTE JUSTO?” de este mismo blog he hecho notar cómo finalmente Dios usa lo bueno y lo malo de la humanidad para finalmente cumplir sus propósitos. Solamente hay una excusa para que el Cristiano no cumpla con este principio: si las autoridades atentan contra el cumplimiento de los otros principios que estamos citando, es decir si ellos obligan al creyente a no cumplir la voluntad de Dios. Pedro y Juan respondieron a sus gobernantes, cuando éstos les prohibieron evangelizar: Hechos 4:19 “Juzgad si es justo obedecer a vosotros antes que a Dios”. Tampoco la obediencia a las autoridades implica que, por ejemplo los cristianos seamos parte o seamos mediáticos de tales asuntos: en nuestro medio (Bolivia y varios paises sudamericanos) la Iglesia Católica generalmente siempre toma parte de todo tipo de asuntos políticos; esto muy contrario a los que Jesús dijo: “Al cesar o que es del cesar, a Dios lo que es de Dios”. La verdadera Iglesia de Cristo, debe tener la primordial tarea de predicar el sano evangelio para que la salvación llegue a la mayor cantidad personas.
5º La voluntad de Dios es que los cristianos suframos a causa del evangelio. ¡Sí! los cristianos siempre sufrimos, en cualquier momento y en diferentes medidas a causa de Jesucristo y estos son dones de Dios: 2 Timoteo 3:12 “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecuciones” 1 Pedro 3:17 “Porque mejor es que padezcan haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” y 2 Pedro 4:19 “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (Véase Hechos 7 “La muerte de Esteban”). Para nosotros, los creyentes, siempre sufrir a causa de Jesucristo será un privilegio, sin importar que los no creyentes lo entiendan y aunque sea objeto de burla. Aunque hoy en día tenemos mejor suerte que la Iglesia primitiva (leamos el libro de Hechos de los Apóstoles), aún en varios lugares del mundo, ser cristiano es muy difícil, oremos permanentemente por ellos, quienes pese a su sufrimiento perseveran.
6º Es voluntad de Dios que seamos agradecidos, aún en las etapas de prueba y sufrimiento. Porque ya sabemos que para los creyentes todas las cosas ayudan a bien, de acuerdo al propósito de Dios. Pablo se expresa en el capítulo 4, versículos 12 y 13 de Filipenses: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñando, asi para estar saciado o para tener hambre, así para tener abundancia com para tener necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¡Hermosa realidad! “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”, ¡esto es hermoso!
Muchos dirán: “Me pongo a leer todo esto y lo único que encuentro son reglas basadas en versículos, y yo esperaba respuestas específicas”.
¡Sorpresa! Hay un 7º principio que te va agradar:
7º Si eres salvo, si estás caminando en el Espíritu, si eres santo en tu vida moral, si eres sumiso, si estás sufriendo por causa de Cristo, si estás sufriendo dando gracias a Dios : ¡HAS LO QUE QUIERAS HACER!
¿Qué sucede? Cuándo somos obedientes a la voluntad de Dios, estamos siendo controlados por Él y por tanto nuestros deseos en la mente y los deseos del corazón, son de Él. La Palabra nos informa: Salmo 37:4 “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón”
La obediencia, nos da toda la libertad y no tenemos que estar sufriendo o temiendo por las decisiones que lleguemos a tomar, porque no van a estar en contra de lo que Dios quiere, Y cuándo Dios no este de acuerdo con alguna decisión nuestra Él mismo va a cerrar la puerta y va abrir otra.
Vaya, realmente ahora sabemos que la voluntad de Dios no es reservada, sino abierta para todos. Así fueron creados Adán y Eva, en libertad.
¡Vivamos siempre de acuerdo a la voluntad de Dios y hagamos lo que queramos!
“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dio; tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud” [Salmo 143:10]

















Publicado en 




