A menudo un creyente enfrenta a una sociedad en la que existen personas que se autodenominan “ateos”, es decir que no creen en ningún tipo de dios, mucho menos en el Dios vivo, quien es el Dios de Israel, el Dios de la Biblia.
En este pequeño estudio deseo responder a algunas interrogantes comunes dentro de este contexto:
• ¿Existen realmente personas ateas?
• ¿Son solamente “ateos” aquellos quienes no creen en la existencia de Dios?
• ¿Debería un creyente involucrarse en debates con este tipo de personas?
Primero vamos a definir la palabra “ateo”. En un diccionario de escritorio común se define como “Adj. [persona] Que niega la existencia de Dios.”. Y buscando la definición bíblica, encontramos el similar en el Salmo 14 y 53, en sus primeros versículos: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”.
Según los Salmos ateo es una persona necia que en algún momento de su existencia se propone negar a Dios. En las Escrituras la palabra “necio” generalmente está aplicada a cualquier tipo de persona impía con varias características: ira (Job 5:2), arrogancia (Proverbios 12:15), maldad (Salmos 53:1), ignorancia divina (Salmos 92:6), decepción (Proverbios 10:1), calumnia (Proverbios 10:14), etc. En el libro de proverbios la palabra necio se repite 45 de las 73 veces que aparece en la Biblia (RV1960).
Por tanto ateo, o mejor dicho un “necio”, no solamente se aplica a una persona que pregona la inexistencia de Dios, sino también a cualquier persona que sin negarlo, vive como si él no existiera, es decir, fuera de su ley y su gracia.
Podríamos decir que estamos en un mundo poblado de personas necias, aunque implícitamente los creyentes deberíamos saber que en realidad la Palabra de Dios enseña que en realidad todas las personas conocen a Dios, vaya sorpresa para muchos, pero es una realidad bíblica, aun las personas más escépticas a Dios, sí le conocen, porque Él se les ha manifestado, Veamos lo que nos dice Pablo:
Romanos 1:19,21 “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”
Pero no solamente perciben la majestuosidad de Dios en toda creación visible, sino que también se les manifiesto en sus propias conciencias:
Romanos 2:15,16 “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio”
¿No es verdad, que aun los creyentes antes de nuestra conversión nos hemos visto envueltos en una lucha permanente sobre la justicia de Dios? ¿Acaso nunca hemos temido? –Pues aunque finalmente las personas desechen la verdad divina, habrán conocido antes en su conciencia y en todo su contexto natural al Dios viviente.
Pero salta a luz otra cuestión: ¿Por qué la multitud de gente, teniendo testimonio de Él no se somete? –Jesucristo en persona nos da la explicación:
Juán 3:19-21 “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”
El hombre al asimilar la manifestación de Dios, se da cuenta de que se trata de un ser bueno y por tanto, el tener una relación con Él, significaría sacrificar su maldad, esa es una capacidad que el hombre natural no tiene y prefiere su propia sabiduría y filosofías, que no le exigirán el desprendimiento de las cosas impuras que ama, por tanto se auto-condena: “El que confía en su propio corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría será librado” (Salmos 28:26)
Hay algo que a menudo en la predicación del evangelio se olvida mencionar, y es que todas las personas que no se someten a Dios (hablando específicamente de su salvación), están bajo la maldición de la ira de Dios: Juan 3:36 dice: “el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.
No importa que tan buena parezca la vida del impío, el necio o el ateo (que al final es lo mismo), él vive bajo maldición aunque no se dé cuenta, muchas veces Dios mismo los entrega a mentes incapaces de comprender a causa de su propia necedad; creando ídolos, y haciendo de ellos mismos dioses, puesto que determinan lo que es bueno o malo para el hombre.
Romanos 1:24-25 “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”
Asaf también se dio cuenta de que el fortunio de los impíos es un deleite temporal que a la postre resulta su propia trampa:
Salmos 73:17-20 “Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia”
Considero que ahora podemos afirmar que “todas las personas tienen conocimiento de Dios, porque Él mismo se las ha manifestado” y que “no hay mayor diferencia entre un ateo y una persona que sin negar la existencia de Dios, no vive conforme a su Palabra”. Me gustó escuchar en un sermón de Paul Washer algo como: “Niegas la existencia de Dios, pero todo tu ser está repleto de sus huellas digitales”
Por último ¿Qué es lo que deberíamos hacer al enfrentar a estas personas?
Personalmente, cuando yo me había convertido tenía una pasión por ir y anunciar el milagro que Jesucristo había obrado en mí, entraba en debates en los que no consideraba tener las respuestas más adecuadas, seguramente cometiendo errores doctrinales por defender mi conversión. Es cierto que los creyentes crecemos a medida que aprendemos la Palabra diligentemente, además de las pruebas y la disciplina divina; es bueno siempre estar preparado para defender la doctrina adecuadamente bajo la luz de la Palabra de Dios, pero es realmente un error (y hace no mucho me di cuenta de esto), el hecho de inmiscuirse en discusiones innecesaria ante personas necias, en las que no vamos a ganar, ni perder, por una razón muy simple, ellos no tienen la capacidad de discernir lo que el Espíritu de Dios a escrito en su Palabra, como tampoco nosotros la teníamos antes de haber recibido la gracia de Dios que es en Jesucristo, el Salvador:
1 Corintios 2:14 “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”
Con esto, no trato de decir que el creyente se quede callado, sino más bien que cumpla adecuadamente el mandamiento que Jesucristo nos encomendó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15)
Cuando Pablo estaba en Atenas ante los griegos (Hechos 17:16:34), que tenían fama de ser “sabios” por su acumulación de filosofías seculares, él no se puso a discutir sobre su burdo y amplio conocimiento, sino que más bien les predico el evangelio de frente y sin importar , lógicamente recibió burlas (v32), pero consiguió lo que pretendía, es decir algunos creyentes que le siguieron (v.34)
Hay dos cosas que el creyente debe demostrarle al mundo natural: el evangelio y su conducta en una vida piadosa, reflejando e imitando a Cristo. Comprendamos que mucho de lo que la Biblia nos enseña, lo enseña a personas ya creyentes redimidas en las que mora el Espíritu de entendimiento para nuestra perfección, pero lo que es para el mundo es primordialmente el evangelio de Cristo, aun pregonando este, comprendamos también que nosotros no tenemos el poder de convencimiento, esa es una obra sobrenatural que Dios obra: Juan 16:8 “Y cuando el Espíritu Santo venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.
Por último repasemos una parte del hermoso Salmo 92:
Salmo 92:5-9 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.
El hombre necio no sabe,
Y el insensato no entiende esto.
Cuando brotan los impíos como la hierba,
Y florecen todos los que hacen iniquidad,
Es para ser destruidos eternamente.
Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo.
Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová,
Porque he aquí, perecerán tus enemigos;
Serán esparcidos todos los que hacen maldad.

















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